Rosa Barquero, arteterapeuta clínica y coordinadora de prácticas

Conversación

Rosa Barquero se formó en Bellas Artes y se dedica al arteterapia desde que acabó el Máster de Metàfora en el año 2008. Desde entonces, además de ser docente y conductora de grupos, trabaja como arteterapeuta clínica en diversos lugares, entre ellos una escuela pionera en integrar arteterapeutas en su equipo de orientación. Es coordinadora de prácticas de nuestras alumnas de máster y ha sido presidenta de la Federación Española de Asociaciones de Arteterapia (FEAPA).

Hablamos con ella sobre su trayectoria y su visión del arteterapia.

Rosa, cuéntanos cómo conociste el arteterapia, cuándo descubriste que querías dedicarte a ello.

Pues verás, en cuanto acabé la carrera de Bellas Artes, en el 2004, me interesé por el arte como herramienta terapéutica, aunque entonces no sabía que existía el arteterapia como tal. Con una compañera de la universidad y su hermana, que había estudiado educación especial, planeábamos abrir un centro de arte para personas con disminución física y psíquica. Y, aunque nunca llegamos a desarrollar ese proyecto, mi interés por el tema me llevó a descubrir el arteterapia. En cuanto hice el primer curso introductorio en Metàfora y escuché a Carles explicar uno de sus casos, se despertaron en mí las ganas de saber más sobre esta profesión y decidí comenzar el máster en el año 2005.

Háblanos de tu actividad profesional como arteterapeuta, ¿Con qué colectivo sueles trabajar? ¿Qué crees que les aporta el arteterapia? 

A ver, he trabajado como arteterapeuta con varios colectivos, desde adultos mayores a jóvenes privados de libertad, pero mi principal experiencia profesional la he desarrollado en el ámbito infantil y juvenil. Empecé mi aventura profesional viajando a Ecuador en el año 2008, al terminar el máster en Metàfora y durante el año que viví allí desarrollé varios proyectos de arteterapia. Para no hacerlo muy largo solo te explicaré un poco sobre uno de ellos. Verás, realizamos, junto con una arteterapeuta ecuatoriana, un proyecto de intervención en una escuela pública que consistía en dos grupos para atender a niñas víctimas de abusos, maltrato o negligencia. Fue una experiencia impactante para mí en aquel entonces y muy gratificante.

Bueno, y después de aquel viaje, pues seguí mi trabajo como arteterapeuta en Barcelona. De todo lo que he hecho en estos 10 años, quiero hablarte del proyecto de arteterapia que desarrollo desde hace 7 cursos en una escuela de educación primaria y secundaria.

En cuanto a las peculiaridades de este colectivo, pues verás, las necesidades y perfiles de los niños y adolescentes que son derivados a arteterapia, por las tutoras o psicólogos del centro, son muy variados, desde niños con dificultades de aprendizaje, dificultades de relación con los demás niños, diagnosticados o no, con situaciones familiares complejas, separaciones de los padres, muerte de algún familiar… Esta escuela es pionera en implementar arteterapia en su centro de manera continuada y ofrece a las familias la posibilidad de que su hijo asista a arteterapia de manera gratuita.

El arteterapia en la escuela actúa como herramienta de soporte emocional, como intervención preventiva o incluso como resolución de conflictos en el aula. Así que, respondiendo a tu pregunta, creo que el arteterapia en el entorno escolar aporta a los niños una dosis de atención personal necesaria para su equilibrio y crecimiento integral.

Cuéntanos un momento duro que hayas tenido durante tu práctica profesional y cómo lo superaste. Cuéntanos también algo muy bonito que te haya pasado.

Un momento duro, bueno… siempre que una persona me comparte situaciones vitales difíciles y expresa su dolor, ya sea una niña de seis años que ha perdido a su madre, una joven que ha sufrido abusos en su infancia o un joven que ha cometido un delito y que pasará toda su juventud en prisión, cualquiera de estas dolorosas experiencias compartidas en las sesiones, son «momentos duros» para mí. Saber gestionar estas emociones y situaciones es algo que se adquiere como base durante la formación y con los años vas mejorando con la experiencia. Mira, las arteterapeutas contamos con diferentes herramientas para cuidarnos y poder hacer bien nuestro trabajo. Después de la sesión utilizamos el arte como respuesta a la situación vivida con la persona, y claro, también contamos con la supervisión con una profesional de más experiencia o grupos de covisión con otras compañeras arteterapeutas.

He vivido muchas situaciones increíblemente preciosas con los niños y niñas, son grandes maestros, con ellos aprendo cada día en las sesiones y me siento crecer profesional y personalmente. Y para ellos es un soporte tan necesario, además el espacio de creación y la relación que les ofrecemos es tan diferente a lo que están acostumbrados en la escuela o en casa, que lo viven con muchas ganas, con mucha implicación e ilusión. Cuando me entrevisto por primera vez con los padres y les digo algo así cómo «vuestra hija ya os irá explicando lo que hace en arteterapia, si quiere», y las respuestas suelen ser «lo dudo, siempre que le pregunto qué has hecho en la escuela hoy, me contesta: nada». Pero meses después cuando retomamos esta conversación vemos lo importante que es para el niño esta hora semanal, los padres dicen «sabe perfectamente que los martes le toca arteterapia y el lunes ya me lo está recordando» o «los martes llega a casa emocionada contándome lo que hizo en arteterapia». Algunos pequeños me dicen, «hoy es mi día preferido, porque tengo arteterapia». Y yo me digo a mi misma: «para mí también».

¿Qué destacarías de esta profesión? ¿Hace falta un carácter especial, o qué habilidades crees que son necesarias para ser arteterapeuta?

Verás, creo que para formarse y ejercer como arteterapeuta es necesario estar dispuesta a zambullirse en un entre-ríos. Hay que mantenerse activa en la actividad artística que suelas desarrollar, hay que crear y ser capaces de facilitar la creación a la persona con la que trabajas. Además, tu implicación en tu crecimiento personal debe ser constante. Si decidimos dedicarnos a acompañar a otras personas en la expresión de sus pensamientos o sentimientos, desde los más agradables a los más dolorosos, debemos ser capaces de ofrecer los medios y el sostén adecuado. Para todo ello el arteterapeuta debe recibir una formación de calidad y debe cuidarse y conocerse primero a sí misma.

Para ti, lo terapéutico del arteterapia es… 

Que una niña pueda mezclar agua con pintura, purpurina, trozos de plastilina, lo remueva intensamente y me diga que esta mezcla se trata de una pócima mágica y que lo que sucederá después está por descubrir. Para mí, lo terapéutico del arteterapia es esta «mezcla» entre el uso de los medios visuales y plásticos y la relación personal de confianza; que nos dan la posibilidad de experimentar creativamente nuestras capacidades, así como vincularnos y reconocernos a través del otro.

¿Crees que ha cambiado el sector desde que tú empezaste al momento actual? ¿Se puede vivir de ello?

Sin duda, cada vez hay más conocimiento del arteterapia en España. Se realizan importantes  investigaciones nacionales y aumenta la demanda tanto en la atención privada, como por parte de diferentes instituciones; escuelas, hospitales, centros de salud mental, geriátricos, etc. Y aunque aún estamos trabajando para el reconocimiento profesional, y las condiciones laborales afectan a este sector como a tantos otros, en los últimos 15 años ha habido un gran cambio que nos permite a muchas arteterapeutas dedicarnos exclusivamente a ello. En mi caso combino la docencia con la intervención en escuelas y la consulta privada.

¿Qué consejos les darías a las futuras arteterapeutas?

Uf, un consejo, déjame pensar… si tengo que dar un consejo, lo haré desde mi propia experiencia. Lo que creo que me ha sido de gran ayuda para avanzar en mi carrera profesional como arteterapeuta, ha sido el ser muy constante en mi trabajo, esforzarme y evitar ponerme barreras limitantes a mí misma, confiar en lo que quiero y me gusta hacer y vivirlo con pasión.

Háblanos de tu actividad como profesora

Empecé a trabajar en Metàfora en el 2014, entonces como docente del Postgrado y a partir del 2015 como docente del máster. Trabajo como supervisora y tutora, además de ser conductora de grupos de GAT y TOE. Para quien no conozca esta terminología se trata de los grupos de arteterapia (GAT) y la asignatura de técnicas de observación y expresión (TOE). Otra actividad que desarrollo en Metàfora es coordinar las prácticas de las alumnas del máster.

¿En qué crees que se diferencia la formación en Metàfora de la de otros lugares y por qué crees que es importante esa diferencia?

Creo que la calidad de la formación de Metàfora se debe a varios aspectos, e imagino que cada compañera destacará uno determinado. Yo creo que la excelente calidad de esta formación no solo se debe al contenido formativo, si no a la atención personalizada que reciben las alumnas por parte del equipo docente durante su proceso de aprendizaje. Y, como coordinadora de prácticas, también quiero añadir que Metàfora cuenta con más de un centenar de centros colaboradores activos que ofrecen a las alumnas la posibilidad de integrarse en el equipo de trabajo y sentirse parte de él, para desarrollar sus prácticas en arteterapia con un acompañamiento y asesoramiento constante.

Dime una metáfora que resuma la formación de Arteterapia en la escuela Metàfora

Metàfora es como un cajón de madera pintado de blanco y lleno de objetos curiosos, algunos cotidianos, otros extraños e incluso algunos misteriosos. Si te das el tiempo necesario para tomar en tus manos cada uno de ellos y aprender a mirarlos «con otros ojos», podrás valorar su utilidad, su sabiduría, su encanto, su belleza… Cuando acabes la formación te darás cuenta de que esos objetos, ahora que los has vivido e integrado, los tendrás siempre a tu alcance en tu cajón de objetos valiosos.

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Conversación con Rosa Barquero
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Rosa Barquero se formó en Bellas Artes y se dedica al arteterapia desde que acabó el Máster de Metàfora en el año 2008.
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Metàfora Centro de Arteterapia